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Vanessa Martí.  

David Yeste (Terrassa, Barcelona, 1969) es músico y escritor, con estudios de humanidades en la Universitat Oberta de Catalunya, formado en la Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès, con Andreu Martín y Sebastià Alzamora. A parte de diversos premios de cuento y relato, ha sido galardonado con el X Premi Ferran Canyameres de Novela, con la obra Bots i Barrals (Baula, 2001), y el Ciutat d’Olot 2010 de novela, con In nomine patria (La Galera, 2010). Ha colaborado en las antologías Nómadas (Playa de Ákaba, 2013), Nueva Carta sobre el comercio de los libros (Playa de Ákaba, 2014) y El Salón Barney (2014).  Publica, en febrero de 2014, su primer poemario, La maniobra de Heimlich (Playa de Ákaba). Es, asimismo, antólogo y coautor de la antología de poesía Generación Subway (Playa de Ákaba, 2014) y coautor en la edición de 2015. Coordina y gestiona diversos talleres de lectura y escritura creativa en el entorno de las Bibliotecas Públicas. Recientemente ha sido galardonado con el XV Premio de Poesía Ciudad de Sant Andreu de la Barca. Es autor y editor del blog poético «Tus ojos, mis manos y otros desiertos» blog de David.

Eres músico y escritor, ¿Te recuerdas antes: tocando la guitarra, escribiendo letras para canciones o escribiendo poemas?

Me recuerdo, ante todo, como lector precoz y procaz. Mi padre me enseñó a leer muy pronto, en casa, con unos cuatro años, a lo sumo. Me viene a la memoria mi perplejidad en la clase de ‘parvulitos’, cuando todos los niños recitaban a coro el «mi mamá me mima», y yo pensaba que tenían algún problema. Luego resultó que el problema lo tenía yo.  La música llegó luego, también gracias a él: me regaló una guitarra a los diez u once años, empecé a estudiar, y a los catorce, a tocar en grupos del barrio. Como nunca me dejaron cantar, pensé que estaría bien que los vocalistas, al menos, cantasen mis palabras… Y hasta hoy.

¿Cuál es tu rutina para escribir?

Alguien decía que los escritores están escribiendo veinticuatro horas al día, aunque no tengan un lápiz en la mano o el ordenador delante. No tengo una rutina especial, ni una hora preferida del día, en cuanto a la poesía se refiere: ando siempre con algún rotulador (Pilot VBall 0,7) y una libreta en el bolsillo —tengo una afición casi enfermiza por las libretas— y, cuando algo acude, lo anoto e intento desarrollarlo en cuanto tengo un rato. Carezco, en ese sentido, de cualquier disciplina, excepto en el fastidioso proceso de corrección, para el que aprovecho el momento de volcarlo al ordenador. No obstante, reconozco que, en las épocas en las que escribo narrativa, el proceso es completamente diferente: después de ordenar las ideas hay que someterlas al proceso de escritura, y a esa especie de esclavitud de versiones y revisiones tiránicas que no acaban nunca… o algo así. Tal vez por eso hace casi dos años que no escribo apenas narrativa, solo algunos relatos.

¿”La inspiración” te llega trabajando, leyendo, en la calle, en cualquier sitio…?

La inspiración llega cuando le da la gana a ella, que para eso es una mujer, y se va de la misma manera (es broma). También soy caótico en cuanto a la inspiración: puedes ponerte en tu escritorio, con la pluma cargada, frente al bloc perfecto y con la botella de vino adecuada y ten por seguro que no acudirá ni una sola palabra. Eso es tan cierto como que, si un día por casualidad sales a la calle sin la libreta en el bolsillo, algo te hará entrar con urgencia en cualquier bar y pedir a toda prisa —incluso antes que una cerveza— un bolígrafo para anotar en una servilleta de papel eso que tienes en la cabeza y que corres el riesgo de olvidar. Luego, la mayoría de las veces, regresas a casa, lees esas notas (si acaso entiendes esa letra apresurada) y te das cuenta de que no sirve para nada.

Dime en qué estás ahora.

Actualmente estoy acabando de hacer las últimas correcciones de un poemario que, si todo va bien, verá la luz en abril. Su título es La despiadada frontera entre el silencio y el latido, y será publicado por la editorial de Alcalá de Henares PieEdiciones. Surge a partir de una reflexión sobre el momento de silencio que se produce entre cada latido, sobre ese instante minúsculo en el que el corazón, se queda inmóvil entre un latido y el siguiente. No obstante, y toco madera, hay posibilidades, también en este 2016, que se edite el poemario No escribiré un bestiario, un conjunto de textos de prosa poética, algo más oscuros que mi obra anterior, tal vez de temática más filosófica o científica (creo en la poesía también como una especie de bisagra entre la ciencia y la filosofía). A parte, junto con el músico Pepe Ferrer, preparo un espectáculo en el que intentaremos combinar la percusión con la poesía, con una selección de obras de un poemario anterior: Lecciones de anatomía para suicidas inexpertos. También, doy las últimas pinceladas a un último proyecto de poemario titulado Intentario.

Nos podemos acercar al poemario que ahora escribes y a los anteriores en tu Blog, Tus ojos, mis manos y otros desiertos. En la “portada” nos invitas a entrar: “Pasa… Siéntate. Te estaba esperando…” Nosotros aceptamos la invitación. ¿Qué encontraremos en él?

Publico poesía, en gran parte, porqué existe ese blog. Los primeros textos de ese blog son el germen y el motor de la edición de La maniobra de Heimlich. Me tomo ese blog como un bloc de notas, donde casi cada día desde hace más de dos años, anoto versos, ideas, propuestas… Y ahí quedan, pendientes de corrección, a veces, en su versión definitiva, las menos, pero creciendo y acumulándose. Actualmente, el esqueleto de siete poemarios, y algunos textos narrativos, mezclados con otros de opinión. Una especie de cajón digital y, en parte, compartido.

Mencionas  La maniobra de Heimlich,  publicada en la editorial Playa de Ákaba. Uno de los poemas que descubriremos es: “Hoy sé”

Hoy sé,

Por fin,

Por qué escribo.

Escribo para olvidarme de mí.

O para que tú no lo hagas.

 ¿Qué transmiten tus versos? ¿Hacia dónde quieres llevar al lector?

 No creo que quiera llevarlo a ningún sitio. Más bien se trata de que se venga conmigo, y entre los dos decidimos a dónde vamos. «La maniobra» es un poemario construido entorno la idea del abrazo como herramienta necesaria: la maniobra de Heimlich es un procedimiento médico que se usa para salvar a quien está sufriendo un atragantamiento, pero su símil con un abrazo es más que evidente.

¿Crees que la poesía aún sigue siendo “difícil” para el gran público? ¿Hay que entenderla para apreciarla?

La poesía debe conmover, mover, emocionar (y casi todas esas palabras que contienen la partícula “mo”). Y opino que, sobre todo, debe explicarse a sí misma, con lo que los códigos y los prejuicios, por necesarios que sean, no deberían formar parte de la ecuación. En la relación entre un lector y una poesía (pero también con cualquier otra experiencia artística) debe pasar algo, y ese algo no puede ocurrir solo en el plano teórico. Si reducimos la experiencia poética a círculos concéntricos de más a menos expertos, de más a menos herméticos, de más a menos cualitativamente connotados, nos estamos equivocando. La poesía se siente, no se explica. Por supuesto defiendo la existencia de la ‘poesía para poetas, o para entendidos’, pero esa poesía no puede erigirse con el patrimonio de la calidad o del canon poético.

Tus otros poemarios los guardas en el blog o en “el cajón”. ¿Buscas una editorial que te los publique?

Escribo poesía a diario. Como decía, llevo casi dos años haciéndolo, sin parar. Por lo tanto, y más allá de la calidad y de la selección o corrección posterior, he recopilado esa cantidad de poemarios aguardando una oportunidad. Con más o menos suerte he concurrido a certámenes (perdí un premio importante por tener los poemas en el blog, y considerar la editorial que no eran ‘inéditos’), y he publicado últimamente en diversas antologías. Como os decía antes, parece que 2016 llegará, con suerte, con un par de nuevas publicaciones, pero lo cierto es que ahora estoy justo en el proceso de enviar originales  o de ponerme en contacto con editoriales, etc. Esta parte de trabajo me supera, aunque la creo imprescindible y, voy aprendiendo poco a poco.

Hablemos ahora de las bibliotecas públicas. ¿Cuál es tu tarea en ellas?

Actualmente coordino dos talleres de lectura en sendas bibliotecas: compartimos mensualmente una lectura (novela, por norma general) y nos reunimos para comentarla y complementarla  con música, etc. Es algo en extremo enriquecedor para mí el hecho de pasar de la experiencia solitaria de la lectura a otra compartida. Ocasionalmente, también imparto, en el mismo entorno, algunos talleres de micro relato o de introducción a la narrativa.

Los libros, la literatura… ¿Qué importancia tiene en nuestra sociedad?

 La competencia es durísima: internet, videojuegos, tv… Pero hay que estar ahí. Necesitamos historias. Nuestro cerebro las necesita para ordenarse y funcionar y eso es algo que parece haberse olvidado en el diseño de la educación. Necesitamos poesía, también, nuestro cerebro la necesita para crecer. Sirvan como ejemplo la futura desaparición —si no se pone remedio— de la filosofía en los planes de estudio, o la brutalidad del iva cultural. Junto a eso, la prevalencia de las ciencias sobre los estudios humanísticos debe formar parte de algo así como un plan prediseñado (llámame conspiranoico) para hacernos meros consumidores más dóciles y pacíficos. Hay que seguir explicando cuentos a los niños, hay que seguir apostando por las bibliotecas públicas, hay que seguir creyendo en la poesía. O por lo menos, apostar por ello.

Algo que quieras añadir…

Simplemente agradecer a esta web, a cualquiera que dedica esfuerzos a fomentar la cultura, la literatura, la poesía en concreto. Enviaros un gran abrazo, e invitaros a seguir leyéndome o, al menos, leyendo lo que sea.

 Vanessa Martí